Devocional de Sandy
Sucedió que estando él en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra, el cual, viendo a Jesús, se posó sobre su rostro y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Entonces, extendiendo él la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él. Lucas 5:12-13
El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Filipenses 2:6-8
Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. Marcos 10:45
Jesús no tenía que tocar al leproso para sanarlo. A menudo sanaba con una sola palabra; sin embargo, tocó al leproso —quien era intocable para los demás— para extender su misericordia y compasión. Jesús demostró que, a veces, sin decir una sola palabra, el amor se expresa mediante un simple toque, un abrazo o una mano sobre el hombro. Jesús se humilló a sí mismo y tomó forma de siervo, de hombre, despojándose de su gloria por un tiempo. Jesús se involucró físicamente en lo caótico de la vida al tocar a los leprosos, abrazar a los niños, guiar a los ciegos, tocar a la suegra de Pedro y en muchísimos otros ejemplos. Él «se ensució las manos» con la vida real. Se convirtió en un siervo que dedicó su tiempo a suplir las necesidades de los demás. Como sus seguidores, seguimos su ejemplo de «ensuciarnos las manos» al involucrarnos en la vida y el sufrimiento de quienes nos rodean. Tocamos sus vidas con su amor y servimos como sus manos en este mundo quebrantado. Doy gracias a Dios por nuestro compasivo equipo de consejería, quienes extienden las manos de misericordia de Dios hacia las madres necesitadas y en crisis que sufren.
